Qué son las emisiones de dióxido de carbono
y por qué es vital reducirlas antes del 2050
Los gases de efecto invernadero son necesarios para la vida. Sin embargo, en exceso se convierten en un peligro. Cómo revertir la situación y la importancia del compromiso político
La crisis climática no cesa. A los récords de temperatura que se registran año a año y mes a mes, se sumó en los últimos días una marca que preocupa y mucho: la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Este gas, el más importante de los denominados de efecto invernadero, es fundamental para la vida. Si no existiera una capa en la atmósfera que absorbiera los rayos del sol luego de que rebotan en la Tierra, estaríamos congelados.
Sin
embargo, la concentración acelerada de esta molécula, especialmente rampante
luego de la revolución industrial, ahora provoca un potencial peligro para la
especie humana y para los ecosistemas con los que convive.
Como
se dijo, esta capa, que es necesaria para la vida, se vuelve cada vez más
gruesa y mantiene el calor generando que ese efecto invernadero sea poco a poco
potencialmente dañino.
El
CO2 existe en la naturaleza, pero las actividades humanas, especialmente los
combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón), la deforestación y la
agricultura exacerban esa generación.
¿Y
qué tienen que ver los bosques y los océanos en todo este proceso? Es que ellos
absorben parte de esos gases, en caso contrario las concentraciones serían
todavía más grandes. Sin embargo, cuando eliminamos bosques —como sucede en la
Argentina, que pierde un promedio de 150.000 hectáreas al año, según los
monitoreos que hace Greenpeace—, reforzamos aún más los efectos negativos sobre
el calentamiento del clima. Los troncos de los árboles capturan carbono, ergo,
cuando los cortan y los queman liberan ese gas y, por supuesto, dejan de
absorberlo.
En
este punto, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus
siglas en inglés), sostiene que se necesita una reducción del 45% de las
emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030 para evitar un
calentamiento catastrófico y actualmente la ambición de los países solo
alcanzará para disminuirlas un 1%.
Esos
planes de disminución de producción de gases son las que se presentaron como
parte del Acuerdo de París, firmado por más de 200 países, en 2015. La Cumbre
de Líderes que se celebra hoy es un evento muy esperado ya que varios países,
especialmente los más contaminantes como China, Estados Unidos y el Reino Unido
van a anunciar nuevas metas que aparecen como muy ambiciosas que las que presentaron
en 2015.
Ante
la urgencia planetaria apareció un nuevo desafío: las promesas denominadas Net
Zero para 2050 o, en algunos casos, un poco antes.
El
concepto de “cero” significa un cambio radical en toda la economía, eliminando
los combustibles fósiles y otras fuentes de emisión siempre que sea posible.
Por lo demás, cada tonelada de CO2 que se emita debe ser igualada por una
tonelada que eliminemos de la atmósfera.
Hasta
ahora, los expertos dicen que hemos hecho lo más fácil: la electricidad
renovable generada ha bajado de precio y ya está superando a los combustibles
fósiles en algunos países. Pero luego las cosas se complican, porque la energía
que va y viene con el clima debe ser almacenada con algo más constante como los
biocombustibles, o la energía nuclear. Probablemente también se necesitarán
sistemas de redes inteligentes y formas de almacenar la electricidad, como
plantas de baterías gigantes. Esta tecnología aún no está disponible en su
totalidad, pero el sector de la energía es el que más fácilmente se podría
sustituir.
La
calefacción, el transporte marítimo y los procesos industriales son más
difíciles de descarbonizar, pero hay innovaciones tecnológicas, algunas no tan
sofisticadas, que nos ayudarán en esa tarea. También están los aviones y las
vacas. Los vuelos con energía renovable aún no son posibles, y el consumo de
carne de vacuno implica mayores emisiones de metano, que es otro de esos gases
que genera el calentamiento. Y mucho.
Pero
cambiar todo esto tampoco alcanza. Y, en muchos casos, se pueden ver como
falsas promesas o greenwashing, especialmente de parte de las empresas. Esto
ocurre porque será necesario contar con emisiones negativas para alcanzar el
objetivo de cero emisiones netas, tendremos que absorber literalmente el exceso
de CO2 de la atmósfera. La forma obvia es con árboles y plantas, que lo hacen
de todas formas.
Eso
significa convertir vastas áreas de tierra en bosques y humedales, así como
buscar otras formas naturales de secuestro de carbono. Una idea es la
bioenergía con captura y almacenamiento de carbono: los cultivos energéticos,
como el maíz, absorben el carbono mientras crecen. Luego los quemamos
(generando energía que podemos utilizar), capturando el carbono que emiten,
para que pueda ser enterrado o reciclado en lugar de volver a la atmósfera.
Pero esto requeriría tanta tierra agrícola que podría amenazar la seguridad
alimentaria.
Es
evidente que toda explotación de combustibles fósiles, incluidas las de
fracking, como Vaca Muerta en Argentina, no deberían estar en los planes de
nadie. No sólo porque necesitan de subsidios para conseguir rentabilidad sino
porque la ventana de oportunidad del mercado es cada vez más pequeña, que todo
lo que se invierta hoy puede tener valor cero en muy pocos años. Serán caños
inútiles y territorios arruinados.
Hay
otras formas de capturar carbono, pero aparecen aún como películas de ciencia
ficción. Se trata de proyectos piloto, y se ha utilizado sobre todo en
centrales eléctricas de combustibles fósiles o para capturar emisiones
industriales. Y luego está la captura directa en la atmósfera, que separa el
CO2 del aire que nos rodea, pero está en fases de desarrollo aún más tempranas.
El
año objetivo de 2050 es una negociación entre lo necesario y lo posible. El
IPCC afirma que si se reducen las emisiones globales a cero neto, todavía
podremos mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados. Si acabamos con
cero emisiones netas en 2070, todavía podemos esperar que no haya más de 2
grados.
Por
el momento, la suba promedio de la temperatura global ya llegó a 1.2ºC. Por eso
es que hay tanta expectativa sobre los nuevos anuncios de los líderes en el Día
de la Tierra. El compromiso que asuman en sus economías y formas de vida será
determinante. INFOBAE



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