martes, 14 de diciembre de 2021

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POR LA PANDEMIA, AUMENTARON

9.000% LOS RESIDUOS DE BARBIJOS

Un estudio realizado en 11 países detectó más de dos millones de piezas desechadas en 6 meses. Por qué los científicos dicen que el uso obligatorio debe ser acompañado de otras recomendaciones

Los barbijos o mascarillas se incorporaron a la vida cotidiana de los seres humanos por la pandemia. Son una herramienta efectiva para sumar a la prevención contra el coronavirus. Algunas ciudades habían dejado de establecerlos como obligatorios, pero ahora con el repunte de casos de COVID-19 vuelven a exigirlos, como ocurrió en Nueva York para su uso en espacios públicos.

Pero al desecharlos, se convierten en residuos. Científicos hicieron el mayor estudio sobre el problema del descarte de los barbijos en 11 países: Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, España, Reino Unido, Suecia, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Encontraron que los residuos de mascarillas o barbijos aumentaron un 9.000% entre marzo y octubre de 2020.

El estudio demuestra una relación directa entre la legislación nacional y la aparición de residuos que incluyen mascarillas y otros equipos de protección personal relacionados con el COVID-19. Tras los resultados, los investigadores de la Universidad de Portsmouth de Inglaterra que participaron en el estudio instaron a los gobiernos a establecer políticas y legislación para la eliminación de las mascarillas desechadas después de hacer obligatorio su uso.

Utilizando esas bases de datos, los investigadores pudieron trazar un mapa de las respuestas políticas de los países (como las medidas de confinamiento y las normas de uso de las mascarillas), y obtener una línea de base de las proporciones de basura desde septiembre de 2019 hasta los primeros seis meses de la pandemia.

El investigador principal, el doctor Keiron Roberts, profesor de Sostenibilidad y Ambiente Construido en la Universidad de Portsmouth, dijo: “En general, el estudio muestra el impacto que la legislación sobre el uso de artículos como las mascarillas puede tener en su aparición como basura. Hemos comprobado que las mascarillas sucias aumentan exponencialmente a partir de marzo de 2020, lo que supone un incremento de 84 veces para octubre de ese mismo año. Hay una clara necesidad de garantizar que la exigencia del uso de esos artículos vaya acompañada de campañas de educación para limitar su liberación en el ambiente”.

Al señalar como empezaron la investigación, el doctor Roberts comentó: “Los impactos negativos del COVID-19 en nuestra vida cotidiana son bien conocidos. En abril de 2020, empezaba a parecer que había algunos pequeños aspectos positivos en la disminución de la actividad humana provocada por el confinamiento, con mejoras en la calidad del aire y del agua. La reducción de la actividad humana también vio los informes de animales que volvían a los pueblos y ciudades. Al mismo tiempo, empezaron a surgir informes sobre la aparición de mascarillas y guantes en playas y calles, donde antes no estaban. A medida que el COVID-19 se extendía, también lo hacían las noticias sobre este nuevo tipo de basura. Los confinamientos nacionales dificultaron increíblemente la posibilidad de salir a visitar estos lugares para recoger pruebas de lo que eran relatos anecdóticos”.

El profesor Steve Fletcher, director de Revolución de Plásticos en la Universidad de Portsmouth, dijo: “A pesar de que a millones de personas se les dijo que usaran mascarillas, se les dio poca orientación sobre cómo deshacerse de ellas o reciclarlas de forma segura. Sin unas mejores prácticas de eliminación, se avecina un desastre ambiental”.

La mayoría de las mascarillas se fabrican con materiales plásticos de larga duración, y si se desechan pueden persistir en el medio ambiente durante décadas o cientos de años. Esto significa que pueden tener una serie de impactos sobre el medio ambiente y las personas, advirtió Fletcher.

Casi toda la basura es evitable, pero a menudo el impacto sólo parece ser visual. Los impactos directos de la basura en el mundo son múltiples. A corto plazo, la basura actúa como un vector viral potencial para transmitir el COVID-19. Si entran en las alcantarillas pueden provocar posibles atascos al enredarse con otros elementos como las hojas.

A medio plazo, en el caso de los animales grandes, pueden enredarse y asfixiarse. En los lugares donde caen como basura pueden asfixiar a los organismos más pequeños y a la vida vegetal.

A largo plazo, una vez en el ambiente, los objetos tirados pueden también convertirse en una vía de transmisión de otros contaminantes. Si están hechos de plástico, acaban convirtiéndose en microplásticos y tienen el potencial de entrar en la cadena alimentaria. (VÍA INFOBAE)

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