¿VAMOS HACIA UN MUNDO DONDE LAS VACUNAS
CONTRA EL COVID-19 SERÁN OBLIGATORIAS?
Las vacunas contra el coronavirus SARS-CoV-2, que ocasiona la enfermedad COVID-19, surgieron en tiempo récord (menos de un año, cuando lo normal es que tome unos 10), para frenar la actual pandemia que ya ocasionó más de 185 millones de infecciones y más de 4 millones de muertes en todo el mundo.
Además de controlar y prevenir la enfermedad, el uso masivo de las
mismas ayudará a restablecer la vida social y económica normal tal como la
conocimos antes del surgimiento del virus en Wuhan, China, en diciembre de
2019. Pero las vacunas más efectivas desarrolladas hasta ahora, que tienen una
protección del 95% para evitar contagios y un 100% para evitar muertes, no
pueden frenar la pandemia sin una alta cobertura de la población y el
mantenimiento de otras estrategias de mitigación como la distancia social, el
uso de tapabocas o barbijos y la permanente higiene de manos.
El fuerte crecimiento del número de infectados ocurrido en los últimos
meses por la propagación de las variantes del coronavirus (principalmente la
Delta, altamente contagiosa) y una desaceleración en las campañas de vacunación
en varios países desarrollados, han llevado a algunos gobiernos a pensar en
tomar medidas que implican la exigencia de inmunización para parte de la
población, o por lo menos parte de ella. Así, el tema controversial de la
obligatoriedad de las vacunas contra el COVID está creciendo en el mundo y ya
ha generado grandes protestas y opiniones en contra de parte de algunos
sectores de la sociedad y de movimientos anti vacunas.
“Si la gente quiere dejar de
escuchar tanto sobre las nuevas variantes del coronavirus, lo que se tiene que
hacer es que todos los países tengan acceso a las vacunas”, opinó Jennifer
Nuzzo, especialista de salud pública de la Universidad Johns Hopkins.
Uno de los objetivos marcados por la Organización Mundial de la Salud
(OMS) es que al menos el 10% de la población de todas las naciones del mundo
esté vacunada en el mes de septiembre. Por ello, insisten en la necesidad de un
mejor reparto global de fármacos para que puedan llegar a la mayor cantidad
posible de gente.
En muchos de los países más ricos, como Estados Unidos, Reino Unido,
Israel o los miembros de la Unión Europea, la vacunación promedia el 50% de la
población, cerca ya de la inmunidad de grupo. Sin embargo, países con menos
recursos van a un ritmo mucho menor. En América Latina, salvo Chile, la mayoría
de países han vacunado entre un 10% y un 40% de sus poblaciones. En
Centroamérica incluso menos. En África, muchos países no superan el 10% de
vacunados.
Pero volviendo a los países que tienen vacunas que se acumulan en sus
heladeras, pero no hay brazos disponibles para aplicarlas, Francia y Grecia
fueron noticia esta semana. Pese a las acciones de difusión para promover la
vacunación, el escepticismo en ambos países ha llevado a sus autoridades a
endurecer sus posturas y a adoptar medidas que, si bien no instauran la vacunación
obligatoria, limitan la capacidad de acción de las personas que no han sido
inoculadas.
Con un discurso televisado que tuvo más espectadores que la final de la
Eurocopa recién jugada, el presidente francés, Emmanuel Macron, dio nuevo
impulso a la campaña de vacunación en su país el lunes 12 por la noche. En el
plan de acción anunciado, estableció que todo el personal sanitario deberá
estar vacunado antes del 15 de septiembre. Los trabajadores que no estén
inmunizados una vez cumplida esa fecha no podrán acudir a sus puestos de
trabajo y no cobrarán. La otra gran medida fue extender el uso del pasaporte
sanitario en múltiples lugares públicos. A partir del 21 de julio, el
certificado será necesario para entrar en teatros, cines y espacios culturales
que reúnan a más de 50 personas, mientras que en agosto esta solicitud se
expandirá a bares, restaurantes, centros comerciales y transporte público.
La normativa tuvo una rápida repercusión, con más de un millón de
pedidos de turnos para vacunación y un récord de inmunizaciones en un solo día,
con 792.339 dosis aplicadas. Terminada la semana, la cantidad de gente anotada
para vacunarse trepó a 3 millones. Con el llamado a la obligación de vacunarse,
el Gobierno de París reacciona a la rápida propagación de la variante Delta del
coronavirus, altamente contagiosa. A eso se suma que ni siquiera un 39 por
ciento de los franceses están vacunados con las dos dosis hasta el momento.
Estos cercos a la normalidad de la vida pública y las exigencias a
ciertos sectores sociales se están extendiendo en otros países europeos, como
en Grecia, que el mismo 12 de julio, también decretó la obligatoriedad de la
vacunación para el personal de hogares de ancianos con efecto inmediato y para
todos los trabajadores de la salud desde septiembre. Además, solo las personas
vacunadas podrán ingresar a bares, cines, teatros y otros espacios cerrados.
MASIVAS PROTESTAS
Los anuncios de imponer la obligatoriedad de la vacunación contra COVID
generaron en Francia y Grecia varias protestas. El Gobierno francés trató de
minimizar el alcance de las protestas que sacaron a las calles en diferentes
ciudades del país el miércoles a cerca de 20.000 personas contra sus medidas
para generalizar la vacunación contra el coronavirus, sobre todo con la
extensión del certificado sanitario en actividades de la vida cotidiana. “No
hay que exagerar”, declaró el secretario de Estado de Asuntos Europeos, Clément
Beaune, cuando se le preguntó en una entrevista con la emisora France Info por
las manifestaciones que, en algunos casos, derivaron en enfrentamientos con la
policía.
En Atenas se reunieron alrededor de 3000 personas, sin mantener
distanciamiento social y prácticamente sin tapabocas. También hubo
manifestaciones en otras ciudades como Salónica, en el norte de Grecia, Patras,
en el Peloponeso, o Heraclión, en la isla de Creta.
Muchos de los manifestantes mostraban banderas griegas y signos
religiosos, varios levantaron cruces e iconos ortodoxos frente al Parlamento,
en la plaza Syntagma, mientras se mezclaban los eslóganes de la protesta con el
himno nacional y otros cantos nacionalistas. Entre las pancartas que cargaron
desde la plaza Omonia hasta el Parlamento se podía leer “No a la vacunación
obligatoria. Sí a las libertades individuales, a la libre elección. No a la
participación estatal en la medicina” o “No a la separación, no al chantaje, no
al terrorismo”.
Italia ya había dado el primer paso en abril, cuando implementó la
vacunación obligatoria de personal sanitario y farmacéuticos, bajo amenaza de
cese de funciones o suspensiones de sueldo para aquellos que se nieguen.
En Rusia, aunque el Gobierno de Vladimir Putin se opone a la vacunación
obligatoria, Moscú implementó en junio la orden de que cafés, bares y
restaurantes solo atiendan a personas que tengan una prueba de vacunación, de
inmunidad o un test negativo de coronavirus. Además lanzó un plan para que un
60% de los trabajadores del sector de servicios estén completamente vacunados
antes del 15 de agosto. Otras naciones también van por ese camino: Reino Unido
exigirá la vacunación a empleados de residencias de adultos mayores desde
octubre y Polonia estudia la obligatoriedad de la vacunación para algunas
personas de alto riesgo a partir de agosto.
Hungría se sumó el viernes a los países que imponen la vacunación
obligatoria para los trabajadores sanitarios. Al igual que en Francia y Grecia,
el gobierno de Viktor Orban anunció que todos los empleados de la salud deberán
estar inoculados contra el coronavirus. En Hungría, como en otros países de la
región, el ritmo de vacunación se ha ralentizado considerablemente después de
superar el 50%, y actualmente el 57% de los húngaros ha recibido al menos una
dosis y el 54% las dos.
Australia, un país que se ha propuesto combatir el virus en extrema
rigidez, impuso desde junio la vacunación obligatoria para los trabajadores de
atención a personas mayores de alto riesgo en los hoteles implementados para
las cuarentenas. También exigió la inmunización de atletas paralímpicos que
participarán en los Juegos de Tokio, al considerar que los miembros no
vacunados podrían representar un riesgo para la salud.
Arabia Saudita anunció que todos los trabajadores del sector público y
privado que deseen asistir a sus lugares de trabajo presenciales deberán
vacunarse. Además, desde el 1 de agosto, solo las personas vacunadas podrán
ingresar a establecimientos gubernamentales, privados o educativos y usar el
transporte público. Kazajistán anunció el 23 de junio la exigencia de estar
vacunado contra el COVID-19 o presentar pruebas semanales para las personas que
trabajen en grupos de más de 20 personas.
Pocas horas después de que Francia y Grecia anunciaran la
obligatoriedad de la vacuna en el personal sanitario y otras medidas
restrictivas a futuro, Alemania se manifestó una clara oposición a esa
posibilidad. “No tenemos la intención de seguir el camino que Francia ha
propuesto. Ya dijimos que en Alemania no habrá obligación de vacunarse”, dijo
la canciller Angela Merkel.
El motivo es, entre otros, que en Alemania sería casi imposible imponer
una obligación de vacunación. El derecho a la integridad física está anclado en
la Constitución. Sin embargo, hay excepciones. Por ejemplo, antes del ingreso
al jardín de infantes y a la escuela, los niños deben estar vacunados contra el
sarampión, y los padres deben poder certificarlo.
CONTROVERSIA EN ESTADOS UNIDOS
Hacer obligatoria una vacunas para COVID-19 utilizada aprobada con
carácter de emergencia (EUA) es legal y éticamente problemático. La ley que
autoriza a la FDA a emitir EUA requiere que el secretario del Departamento de
Salud y Servicios Humanos (HHS) especifique si las personas pueden rechazar la
vacuna y las consecuencias de la negativa.
Una vez que las vacunas contra el SARS-CoV-2 reciben una BLA, los
responsables de la formulación de políticas deben determinar a qué personas, si
corresponde, se debe aplicar la obligatoriedad de recibirlas. Los mandatos de
vacunación podrían imponerse en múltiples sectores, cada uno con sus propias
consideraciones legales y éticas.
Desde Jacobson v Massachusetts (1905), el poder judicial ha defendido
constantemente los mandatos de vacunación. Todos los estados exigen vacunas
infantiles como condición para el ingreso a la escuela, que se ha demostrado
que mantienen una alta cobertura y previenen enfermedades prevenibles con
vacunas.
Todos los estados otorgan exenciones por causa médica; 45 estados y
Washington DC otorgan exenciones religiosas y 15 estados también permiten
exenciones filosóficas. Las exenciones de vacunas a menudo se agrupan
geográfica y socialmente y están asociadas con un mayor riesgo de brotes.
El fortalecimiento del rigor del proceso de solicitud y aplicación de
las excepciones están asociados con mejores tasas de vacunación. Los mandatos
de vacunas para adultos son raros, pero al menos 16 estados requieren vacunas
contra la influenza o la hepatitis B para la educación postsecundaria. Dada la
rareza de los mandatos para adultos, es poco probable que los estados
promulguen las vacunas COVID-19 obligatorias para la población adulta,
especialmente en ausencia de datos de seguridad a largo plazo. (INFOBAE)

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