CINCO PRINCIPALES CERTEZAS CIENTÍFICAS
DEL COVID-19, SEGÚN LOS EXPERTOS
Para Fernando Valdivia, médico veterinario, consultor en Epidemiología, Salud Pública y medicina comparada, “el virus está en el aire porque, al igual que todos los virus respiratorios, su vía de transmisión es a través de los fluidos y exudados de boca y nariz. Esto implica que su transmisión no depende del virus, sino de la dinámica del aire. Es una cuestión biofísica antes que biológica”.
“¿Qué significa esto? Que la transmisión de un virus respiratorio es
imposible de contener: el SARS-COV 2 mide entre 50 y 200 nanómetros y las
microgotas de un estornudo o tos (aerosol) miden entre 1 a 100 micrones. Estas
microgotas (conteniendo los virus) quedan suspendidas en el aire (al igual que
las gotas de agua de las nubes) y son transportadas por el viento. Entonces, si
el virus fuera del cuerpo humano sobrevive unas 10 horas y sopla un viento de
10 km/hora, el virus en esa microgota puede llegar a viajar unos 100 km y aún
ser capaz de infectar”, detalló el experto ante la consulta de Infobae.
Y continuó: “Este es un fenómeno ampliamente conocido. Cuando
gestionamos epidemias como la de la fiebre aftosa, nos encontramos con casos en
los que el virus llegó a viajar por aire y contagiar animales a más de 200 km.
Esto explica por qué tanto el virus original como las cepas y variantes que le
siguieron han llegado a todos los confines del mundo independientemente de los
esfuerzos que se hicieron para contenerlo”.
2.- LOS BARBIJOS SIRVEN PARA
FRENAR EL CONTAGIO
Los barbijos o mascarillas se empezaron a usar desde marzo del año
pasado en Occidente como una medida de protección contra el coronavirus. Una
investigación publicada en The New England Journal of Medicine reveló que la
mascarilla es uno de los pilares del control de la pandemia del Covid-19, y que
el enmascaramiento facial universal puede ayudar a reducir la gravedad de la
enfermedad y garantizar que una mayor proporción de nuevas infecciones sean
asintomáticas.
El doctor Amós José García Rojas, presidente de la Asociación Española
de Vacunología, aseveró: “El conocimiento y la evidencia científica generada en
relación a la pandemia de COVID-19 demostraron que el SARS-CoV-2 se transmite
por aerosoles. Por eso es que debemos tener especial precaución en los lugares
cerrados. En los exteriores, el contagio es más difícil pero si no se respeta
la distancia también es posible. Desde esa perspectiva, el uso de mascarillas
se convierte en un elemento clave en la prevención de la infección. Mascarillas
en exteriores si la distancia física no se puede respetar y mascarillas en
interiores siempre”.
Sin embargo, la eficacia de las máscaras todavía está en debate. En
comparación con los respiradores N95/FFP2 que tienen tasas de penetración de
partículas muy bajas (alrededor de 5%), las máscaras quirúrgicas y similares
exhiben tasas de penetración más altas y más variables (alrededor de 30-70%).
“Este tipo de virus respiratorios son de alta contagiosidad y, como dije antes,
imposibles de contener. Sin embargo, este tipo de virus, por ser de muy alta
contagiosidad son de baja letalidad, y este hecho permite formular estrategias
epidemiológicas específicas, que no deberían incluir precisamente el uso del
barbijo”, remarcó Valdivia.
3.- EL CONFINAMIENTO ESTRICTO
FUE EFECTIVO
El confinamiento de 2020 en todo el mundo fue una medida muy drástica,
pero también útil para reducir la transmisión de un virus por entonces mucho
más desconocido y que circulaba de forma descontrolada. “Fue una medida que
tuvo un impacto claro sobre la pandemia. Curiosamente, es una medida clásica de
salud pública de toda la vida. Era evidente: si nos confinábamos evitábamos los
contactos y por lo tanto, los contagios”, añadió García Rojas.
“Desde el punto de vista epidemiológico, los confinamientos domiciliarios
fueron muy útiles. Cuando uno no circula y está en su domicilio hay menos
posibilidad de transmisión. El virus necesita de un ser humano y sus células
para poder multiplicarse. Si el ser humano no tiene contacto entre sí, el virus
no se transmite”, manifestó Bonvehí.
Aun así, para Valdivia, “existe evidencia científica que demuestra que
no hay diferencia significativa en la tasas de morbilidad y mortalidad entre
los países, independientemente del tipo de restricciones que hayan impuesto.
Países con restricciones muy leves como el caso de Suecia muestran números
similares a los de nuestro país, con el agravante de que los confinamientos
acarrean pasivos económicos y sanitarios enormes y difíciles de cuantificar”.
4.- LA EDAD ES EL MAYOR FACTOR
DE RIESGO
Las tendencias en los contagios y las muertes por coronavirus por edad
han sido claras desde principios de la pandemia: los adultos mayores
representan un gran porcentaje de los casos y los fallecidos debido a que
pertenecen a un grupo de factor de riesgo. De hecho, una investigación
realizada en agosto pasado y publicada en la revista Nature, determinó que por
cada 1.000 personas infectadas con el coronavirus que tienen menos de 50 años,
casi ninguna morirá. Para las personas de cincuenta y sesenta años, morirán
alrededor de cinco, más hombres que mujeres. Luego, el riesgo aumenta
abruptamente a medida que se acumulan los años. Por cada 1.000 personas de
setenta o más años que están infectadas, morirán alrededor de 116. Estas son
las duras estadísticas obtenidas por algunos de los primeros estudios
detallados sobre el riesgo de mortalidad por COVID-19.
Una de las características que tienen las personas adultas mayores es
la de desarrollar condiciones de salud relacionadas con la edad, por ejemplo
diabetes, hipertensión, la enfermedad pulmonar crónica, entre otras. Todas
estas, aunque pueden presentarse a cualquier edad, se registran con más
frecuencia en la población de 60 años y más.
5.- LAS VACUNAS FUNCION
“Las vacunas salvan cada año millones de vidas. Su función es entrenar
y preparar a las defensas naturales del organismo ―el sistema inmunológico―
para detectar y combatir a los virus y las bacterias seleccionados. Si el
cuerpo se ve posteriormente expuesto a estos gérmenes patógenos, estará listo para
destruirlos de inmediato, previniendo así la enfermedad”, explicó la
Organización Mundial de la Salud (OMS) recientemente.
Y agregó: “Las vacunas son una herramienta nueva y esencial para poner
fin a la Covd-19 y resulta muy alentador comprobar el número de ellas que están
en desarrollo y los buenos resultados obtenidos en algunos casos. En todo el
mundo, los investigadores están trabajando lo más rápido posible, colaborando e
innovando para que dispongamos de las pruebas, los tratamientos y las vacunas
que, en conjunto, salvarán vidas y pondrán fin a esta pandemia. Hay al menos 7
vacunas distintas [N d R: son en total 9, pero la OMS no ha aprobado todavía
las vacunas chinas de Sinovac y Sinopharm] que los países han empezado a
administrar en tres plataformas, concediendo prioridad en todos los casos a las
personas vulnerables. Además, hay más de 200 vacunas experimentales en
desarrollo, de las cuales más de 60 están en fase clínica.
Una de las voces más respetadas en el ambiente médico y que ha estado
alentando la campaña de vacunación mundial contra el SARS-CoV-2 es el
reconocido cardiólogo y genetista estadounidense Eric Topol, editor jefe del
sitio de salud Medscape, que a través de Twitter volvió a destacar que las
vacunas brindan 100% de protección contra la muerte y las hospitalizaciones por
coronavirus. (EN BASE A INFOBAE)

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